LADRO, LUEGO EXISTO

Dice La que me da de comer que hay que hacerle una limpia a Bruno. No sé en qué puede ayudarle a mi hermano la higiene para no sufrir tantos percances, pero le urge que le caiga un poco de buena suerte.

El último accidente que tuvo me asustó mucho, creí que no iba a salvarla, estaba más preocupada que cuando lo mordió el perro policía o cuando se perdió por unos días, sobre todo porque en esta ocasión la culpable fui yo. Claro que no fue intencional, pero de todas formas sentí muy feo.

Resulta que bajamos al arroyo como todas las tardes que salimos a pasear. Ahora no hay mucha agua, así que nos gusta correr de un lado a otro y hacer carreritas por una especie de puentes que se forman en los lugares más altos donde no llega el cauce. Como Bruno es muy pequeño tengo que ponerme muy buza para ganarle, pues se me escurre entre las patitas para rebasarme y ya que se arranca corriendo como un conejo, no hay quien lo alcance.

Nos podríamos pasar horas jugando, si no fuera porque después de un rato escuchamos a El que ya me pela diciéndonos que tenemos que volver a la cueva. Lo que me llenó de arrebato al escuchar el llamado de la manada fue que lo realizó La que me da comer y, más aún, lo remató con la palabra mágica “tengan”, que siempre implica una golosina o alimento delicioso.

Una cosa es que le dé chance a Bruno de vez en cuando de ganarme en las carreritas o morderme las patitas, pero en cuestión de comida no tengo ninguna especie de consideración con él. Por eso cuando escuché a La que me da de comer y vi que Bruno podría llegar antes que yo con nuestra humana, corrí a toda velocidad y sin querer lo empujé para rebasarlo, provocando que resbalara y cayera justo junto al arroyo, golpeándose con una roca.

Un chillido agudo y breve me hizo voltear y darme cuenta de lo que le había pasado, pero me horroricé cuando mi hermano adorado no se movía ni respondía a mis ladridos. Estaba quieto, con la mirada perdida y un líquido rojo y espeso salía por su hocico, quise lamerlo para limpiarlo, pero tras cada lengüetazo salía más y más. Me recordó a Cuquis cuando fue arrollada por la lata con ruedas. ¡No quería que Brunito desapareciera para siempre como ella!

Me costó mucho trabajo dejarlo sólo, pero pensé que lo mejor era correr a pedir ayuda. Así que me dirigí a toda velocidad hacia donde siempre nos esperan nuestros humanos y encontré a La que me da de comer. Cuando no hice caso a la salchicha en su mano supo que algo grave pasaba. La guié hasta Bruno y casi se pone a llorar cuando lo vio. Corrió a acariciarlo y hablarle muy dulcemente. Él sólo la miraba como queriéndole decir cuánto la amaba. Nunca había visto esa intensidad en sus ojos.

La que me da de comer le llamó a El que ya me pela por la caja con botones para que acudiera en nuestro auxilio, pues no quería mover a Bruno sin la asesoría del humano de la bata blanca. Ahí estuvimos, ella acariciando al perrillo y tratando de limpiar su hocico rojo, y yo a su lado montando guardia. Fueron momentos de mucha angustia y tristeza, mi corazón estaba realmente estrujado.

Por fin después de un rato llegó El que ya me pela con el humano de la bata blanca, quien examinó detenidamente a mi hermano mientras éste empezaba a reaccionar. Nos tranquilizó diciéndonos que probablemente había sufrido una leve contusión y que el líquido rojo y espeso que salía de su hocico era sólo una herida en la parte interior de la boca, porque seguramente se mordió al caer. Se lo llevaron a curarlo y a que durmiera con el humano de la bata blanca para que lo observara toda la noche.

Al día siguiente, Brunito volvió a la cueva y la alegría a mi corazón. Temía mucho que estuviera enojado conmigo, pero llegó como si nada, se puso a morderme las patitas y a jugar. No me reclamó el haberlo arrollado ni albergó ningún rencor en su alma. Es un can muy noble. Aprendí que debo medir mi fuerza y cuidarlo un poco más, a fin de cuentas nadie me entiende como él y realmente me dolería perderlo. Por lo pronto voy a empezar a hacerle la limpia con mi lengüita, a ver si le trae mejor suerte como dice La que me da de comer.

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