LADRO, LUEGO EXISTO

No saben el susto que nos hemos llevado, creíamos que ya no la contábamos. Nada parecía fuera de lo normal: mis humanos y el Cachorro salieron de la cueva y nos dejaron en la terraza donde están instaladas nuestras camitas. Comenzó a llover. Generalmente, Bruno y yo nos dedicamos a dormir en estos momentos de soledad mientras esperamos el regreso de nuestra manada.

En eso estábamos cuando de repente sentí mi camita mojada. Tenía tanta flojera que no presté mucho atención al asunto hasta que mis patitas colgando fuera de ella sintieron que nadaban en un gran charco de agua. Bruno no se había percatado del asunto porque estaba arriba del sillón, pero se despertó muy preocupado cuando vio cómo su casita navegaba sin rumbo.

¿Qué demonios pasaba? ¿Qué hacía esa agua ahí si estábamos bajo techo y en la cueva? Traté de mantener la calma y chapotear un poco, pero el cielo tronaba y se veían unas luces terroríficas que nos llenaron de miedo a Bruno y a mí. Además, las gotas de agua que caían eran tantas y tan fuertes que parecían piedras.

Bruno comenzó a chillar mientras el nivel del agua subía y subía. Cuando me llegó a la panza entonces sí que me puse muy nerviosa y me subí al sillón con mi hermano, llena de incertidumbre y esperando que la terraza no se llenara como una gran alberca. ¡Cómo deseábamos que La que me da de comer y El que ya me pela llegaran a rescatarnos! ¡No podía morir sin decirles adiós! ¿Y mis cachorros? ¿Qué será de ellos si me canso de nadar y me ahogo?

La lluvia cesó. Los ruidos y las luces también. Teníamos mucho frío y el agua seguía ahí. Al poco rato llegaron mis humanos y se horrorizaron con lo que vieron. La que me da de comer corrió a rescatarnos y nos metió a la cueva. Mientras ella nos secaba y trataba de reconfortarnos con sus mimos, El que ya me pela trabajaba arduamente para deshacerse del agua que no sólo había llenado la terraza, sino también la cocina.

Afortunadamente el Cachorro dormía, así que yo me dediqué a hacerle guardia en su cuarto mientras Bruno se escondió debajo de la cama y mis humanos usaban todo tipo de implementos para sacar el agua y secar el piso, nuestras camitas, los muebles y todo lo que se mojó en la cocina. Trabajaron muy duro.

Lo único bueno fue que nos dejaron dormir adentro de la cueva en una colchita suavecita y calientita (me gustó para echarme ahí cuando nazcan mis cachorros). Bueno, Bruno no lo disfrutó tanto porque no salió de debajo de la cama, pero creo que los dos estamos muy agradecidos de que nuestros humanos nos hayan salvado de la sorpresiva y terrible inundación. Qué reconfortante es saber que tenemos una manada que nos ama.

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