LADRO, LUEGO EXISTO

Últimamente me he sentido bastante rara, como que el cuerpo me pesa una barbaridad, me siento hinchada, con mucho calor, vaya, que hasta el hambre se me ha ido un poquito (sólo un poquito, ¡eh!).

Además, mis humanos se han vuelto sorprendentemente amables conmigo. No es que antes no fueran buena onda, pero digamos que no me dedicaban tanto tiempo y arrumaco como ahora. Imagínense que, a la menor oportunidad, La que me da de comer se pone a acariciar y revisar mi panza como si contuviera algo precioso y aleja al Cachorro de mi lomo cuando se me sube para que le haga caballito. No entiendo nada.

Bueno, con decirles que hasta Bruno ha cambiado. Ya no muerde mis patitas ni me roba la pelota, me sigue para todos lados y hasta me deja acostarme en su cama (y él ama su camita tanto como yo amo el jamón).

El único que me trata igual que siempre es el Cachorro: sigue aventándome sus juguetes, compartiendo su comida conmigo y dándome estrujos amorosos… Y la verdad que prefiero que sea así. No es que no valore la atención que los demás tienen conmigo, pero a veces me aburro con tanto cuidado.

Por ejemplo, los paseos extremos han desparecido del mapa. Sólo salimos a los alrededores de la cueva y a un parque cercano. Está padre caminar con mi humana y eso, pero extraño los riachuelos, las hojas que crujen a mi paso, perseguir iguanas y aves…

En el parque a lo mucho me encuentro con uno que otro perro, pero La que me da de comer no me deja jugar tanto con ellos. Yo aprovecho cuando se distrae un poco para subirme a las resbaladillas. Hay una enorme que no me atrevo a escalar todavía, pero estoy practicando en una chiquita que está menos intimidante.

Claro que cuando La que me da de comer se da cuenta que estoy ahí arriba se apresura a ladrarme para que baje. Yo la hago sufrir un poquito viéndola desde lo alto con mi lengua de fuera, a ver si así agarra la onda de lo feliz que me hace enfrentar uno que otro reto. Cuando veo que ya se está enojando y ladra un poquito más fuerte, me deslizo corriendo por la resbaladilla y ella pone una cara de susto que pocas veces le he visto. Es divertido.

¡Ay, pero cómo extraño las emociones, el movimiento, los juegos, las persecuciones! Es tan difícil quedarse quieta y tranquila… Incluso cuando tu propio cuerpo te lo pide. ¿Qué me estará pasando?

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