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Morder el sillón, hacer del baño dentro de casa, robarse el súper, cavar en el jardín… La lista de las travesuras caninas que nos hacen reír cuando las recordamos pero en el momento pueden sacarnos canas verdes es interminable (y a veces hasta inverosímil). Aquí te decimos cómo enfrentar y corregir las más comunes.

El baño. Entrenar a un perro para hacer del baño en el lugar adecuado es una labor que requiere mucha paciencia y constancia. Lo primero que debes tener en cuenta es que si tu cachorro tiene menos de 4 meses todavía no puede controlar sus esfínteres, así que habrá que estar el doble de atento y no desesperarse cuando tenga un accidente.
Hay momento en los que los canes muy probablemente irán al baño: al levantarse, después de una siesta o cuando acaban de comer y jugar. En estos momentos o cuando notes que tu perro empieza a olfatear el piso y dar vueltas, llévalo al lugar donde quieres que haga del baño.
Lo más efectivo es el refuerzo positivo, así que premia a tu amigo cada vez que haga del baño en el lugar indicado hasta que deje de hacerlo en otros lados. Pon una pequeña golosina en tu mano, con el puño medio cerrado para que tu can pueda olfatear lo que hay dentro, y acércala al lugar donde orinó o defecó. Ya que olfatee tu mano y el piso, deja que se coma la golosina. De esta manera asociará el olor de sus gracias con el de la golosina y sabrá que ahí es donde debe hacer del baño.
Si tiene un accidente y se hace en un lugar prohibido, no lo reprendas a menos que lo descubras en el momento. Si lo cachas in fraganti, interrúmpelo, dile “no” firmemente y llévalo al lugar apropiado.
Los perros se orientan por su olfato, por lo que es muy importante que limpies muy bien el lugar donde no quieres que vuelva a hacer y rocíes una mezcla de vinagre y granos de pimienta dentro de un atomizador (déjalo reposar toda la noche) para alejarlo del sitio.

Conductas destructivas. Morder, sobre todo en los cachorros, es una conducta absolutamente normal, pues es así como liberan la comezón de sus encías y conocen el mundo. En perros más grandes puede ser una señal de aburrimiento, ansiedad o necesidad de atención. Lo mismo aplica para cavar en el jardín, comerse las plantas, destruir zapatos o almohadas.
La clave para evitar este mal comportamiento así como muchos otros es el ejercicio. Si proporcionas a tu perro la actividad física que requiere (dos paseos diarios de 45 minutos cada uno) disminuirá su ansiedad y morderá menos, te lo aseguramos. También el juego dentro de la casa es importante, no sólo para liberar la energía sino también para enseñarle límites.
Cuando descubras a tu perro mordiendo algo prohibido, cavando en el jardín o teniendo alguna otra conducta destructiva, dile “no” firme y calmadamente e intercámbiale el objeto por uno con el que sí pueda jugar o morder.
Si tienes que dejarlo solo en casa, prepara una zona “a prueba de perro”, donde no haya objetos que pueda destrozar y tenga juguetes suficientes para no aburrirse (las botellas de plástico de refresco limpias y secas con algunas croquetas dentro son una buena y económica opción).

Jalar la correa. El paseo es uno de los rituales más importantes en la relación humano-can, es un momento de convivencia en el cual debes mantener una actitud segura y asertiva, sin desesperarte ni cederle el control al perro.
Antes de salir a pasear, reduce el nivel de energía con el que paseas a tu perro jugando un poco con él. Ya que esté en una actitud más sumisa, ponle la correa. Si se emociona demasiado deja la correa a un lado e ignóralo hasta que se tranquilice. Repítelo si es necesario hasta que salga calmado (puede llevarte varios intentos), pues de esta manera tú llevarás el control del paseo y no el can.
No mires ni hables con tu perro, mantén la vista en el camino y marcha a tu ritmo, tú eres el líder y guía de la manada. Procura usar una correa corta y utiliza ambas manos para que con una de ellas controles el largo y con la otra, la tensión. Si tu perro empieza a jalarse no lo regañes ni te detengas, sólo tira suavemente por dos ocasiones seguidas de la correa y camina a tu ritmo. Conforme mejore su comportamiento puedes darle más largo a la correa.

Subirse a la cama o el sillón. A los perros les gustan las camas y los sillones porque ahí están más cerca de nosotros, son cómodos y les ofrecen un panorama del mundo que no tienen desde su camita en el piso. La solución a este problema es muy sencilla: haz incómoda su estadía en la cama o sillón. ¿Cómo? No lo regañes, lo corras o lo bajes cada vez que se suba, es más, ni lo mires. Sólo ve empujándolo con tu cuerpo hasta que no le quede más espacio. Si intenta subirse por el espacio que queda del otro lado, vuelve a aplicar el mismo método.

Lo que no debes hacer…

  • Nunca le restriegues a tu perro el hocico en sus orines, lo golpees con un periódico o lo reprendas con violencia, pues los canes no recuerdan sus actos como los humanos ni lo vinculan a reacciones posteriores, como tu enojo. Lo único que lograrás con un comportamiento violento es minar la confianza de tu perro en ti y provocarle ansiedad.
  • Nunca le prestes más atención cuando se porta mal que cuando se porta bien, porque así sólo reafirmarás la conducta negativa.
  • Nunca desahogues tu enojo y frustración en tu perro, es un ser vivo que depende de ti y merece respeto, constancia y disciplina con amor. Si estás muy enojado y sientes que puedes perder los estribos, aléjate de tu can hasta que estés más tranquilo.
  • Nunca le grites a tu perro, pues así sólo lograrás llamar su atención al levantarle la voz. Dale instrucciones cortas y firmes en un tono normal de voz.
  • Nunca subestimes a un perro agresivo, si tu perro muerde o ataca a personas u otros perros, consulta a un experto para que lo valore y te asesore sobre la mejor manera de corregir su conducta.

Fuente:

El encantador de perros. 16 y 17. Un buen comportamiento. Santillana Ediciones Generales, México, 2010.

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