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Los humanos enfrentamos la muerte de la gente que amamos a través de rituales que nos permiten vivir el duelo y continuar con nuestra vida a pesar de la pérdida. Sin embargo, cuando quien se va es nuestro can, no encontramos la misma empatía en la sociedad a pesar de que los perros pueden llegar a ser parte integral de la familia.

El vínculo que establecemos con nuestros perros puede ser muy profundo, pues los canes tienen una capacidad social e inteligencia enormes que les permiten interpretarnos, amarnos y convertirse en nuestros amigos. Por algo han sido nuestros cómplices y compañeros por miles de años.

Sin embargo, la esperanza de vida en los perros es mucho menor a la de los humanos (de 10 a 20 años, dependiendo de su tamaño y salud), así que es probable que suframos la pérdida de un amigo canino más de una vez en nuestra existencia. Es difícil ver partir a un amigo que conocimos desde cachorro, a quien acompañamos en su adolescencia y juventud, y cuidamos en su vejez, pero también es algo inevitable.

La muerte de nuestro amigo canino puede ser sorpresiva o anunciada (en caso de una enfermedad terminal o lesiones intratables, por ejemplo). En este último caso podemos prepararnos mejor para la despedida, pero siempre será doloroso y requerirá de un trabajo emocional importante.

A pesar de que el vínculo que tenemos con nuestro can es diferente al que establecemos con las personas, nuestro cerebro procesa igual el amor que sentimos por él y la tristeza que causa su partida. Es por eso que las fases del duelo también son las mismas que con los humanos. Aceptarlas como algo sano, necesario y natural, y darnos la oportunidad de vivirlas sin estancarnos en alguna de ellas (en cuyo caso hay que pedir ayuda profesional) nos permitirá sustituir el vacío que deja nuestro can con todos los recuerdos agradables de lo que vivimos juntos.

 

Fases del duelo

Negación. Es la fase más corta, suele durar unos minutos u horas. Es normal pensar durante esta etapa que la muerte de nuestro can no es verdad, que seguramente es un error y fantasear con la idea de que en cualquier momento se acerque a nosotros meneando la cola. La negación nos permite amortiguar el impacto de la noticia y el intenso dolor.

Ira. Es una reacción normal al dolor, que seguramente acompañaremos con muchas ideas y sentimientos irracionales. Podemos mostrarnos enojados o rabiosos con nuestros familiares, amigos, el veterinario, con nuestro perro por haberse ido y hasta con la vida misma. En esta fase hay que tener mucho cuidado con la culpa, pues podemos dirigir nuestro enojo contra nosotros mismos y recriminarnos por lo que pudimos o no debimos hacer.

Negociación. En esta fase es muy común fantasear con el retorno del ser querido y plantearse escenarios o posibilidades que pudieran cambiar la realidad que estamos viviendo. Es común analizar el concepto que tenemos del mundo y la vida y, si se es creyente, buscar refugio en Dios. Los recuerdos son intensos.

Depresión. En esta etapa predominan la tristeza y las sensaciones de soledad y abandono. Suele ser la etapa más larga, pero también en la que logramos una reestructura cognitiva para tener una vida normal de nuevo, por eso es tan importante que nos permitamos vivir la tristeza que nos genera la pérdida de un ser querido y llorar lo que sea necesario.

Aceptación. Es la meta de todas las fases anteriores: aceptar que la muerte es algo irremediable, que nuestro dolor es válido, reestructurar nuestra visión del mundo y seguir con nuestra vida, ahora sin nuestro ser querido.

 

¿Y después?

Además de enfrentar el duelo por la pérdida de tu can, deberás lidiar con una serie de situaciones prácticas, como qué hacer con su cuerpo y sus objetos personales (si te resulta muy difícil tirar sus cosas a la basura, guárdalas un tiempo hasta que estés listo para hacerlo).

Puedes incinerarlo o enterrarlo (siempre respetando las disposiciones sanitarias de tu ciudad). Decidirse por una u otra opción es muy personal, pero lo más recomendable es cremarlo. Dog & Found tiene el servicio de Asistencia Funeraria en la contratación de su servicio, o si lo prefieres, pregunta a tu veterinario si ofrece este servicio.

En ambos casos puedes realizar un pequeño ritual que te sirva a ti y a tu familia para despedirse de su compañero canino, procesar sus emociones, vivir su duelo, darle las gracias por haber compartido su vida y su amor con ustedes, y prepararse para atesorar su recuerdo por siempre en sus corazones.

Fuente: El encantador de perros. 26. Cuando nos dejan. Santillana Ediciones Generales, México, 2010.

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